Monday, July 17, 2006

Cómo ablandar el corazón - Salmo 25

Si usted está siempre humildemente delante de Dios, buscándolo en Su Palabra, Su presencia saturará su corazón y lo hará sensible y dócil. Así como una relación matrimonial puede comenzar a enfriarse si no se dan los pasos para mantenerla cálida, su corazón puede endurecerse poco a poco si no busca la intimidad con Dios. Usted debe responder rápida y obedientemente a lo que Él le indique que haga, para que su corazón siga siendo blando y receptivo. El Señor le mostrará su pecado y usted querrá ocuparse del problema de inmediato. Es por esto que debemos andar en el Espíritu momento a momento. Si usted cree que Dios puede estar dirigiéndole en cierta dirección, tome el tiempo necesario para buscar devotamente Su voluntad en el asunto, y para abrir su corazón para escucharlo. Tenga cuidado de no ocuparse en otra cosa distinta a lo que Dios le llamó a hacer originalmente. Sería una tragedia trabajar haciendo lo que usted y otros consideran bueno, sólo para descubrir que sus esfuerzos se gastaron en lograr algo que no era la intención de Dios. Resistir la voluntad del Señor equivale a no hacer nada con la vida, lo que le deja a usted con la sensación de que algo está faltando. Nada puede tomar el lugar de la voluntad de Dios, aun cuando Su plan parezca difícil o imposible. Pero si usted confía en Él con un corazón dispuesto, no hay límite para lo que Dios puede hacer por medio de su vida. Dé un paso de obediencia, y diga: “Señor, quiero hacer Tu voluntad, pase lo que pase”.

Tuesday, July 04, 2006

El tiempo bien empleado - Sal. 63, 1-8

Comunicarse con Dios es siempre una bendición. El creyente que pasa tiempo con su Padre celestial recibirá esas recompensas. Por ejemplo, los salmos del rey David hablan de la paz del alma y de las renovadas energías que él recibía del Señor. Nuestro espíritu se aquieta con la oración, y esa frustración y esa preocupación se mitigan. Cuando nuestro espíritu se renueva, sentimos que la tensión desaparece de nuestros músculos. Ni siquiera un poeta como David puede explicar cómo sucede, pero el resultado de nuestra adoración es una energía divina que se apodera de nuestro cuerpo. Nuestras emociones también se refrescan. Cuando vuelvo a casa después de un sermón del domingo por la mañana, me siento muy cansado. El remedio perfecto es abrir la Palabra de Dios y pedirle al Señor que me dé una fresca sensación de Su amor y Su presencia. Él responde siempre esas oraciones. Esas respuestas divinas, como también los pequeños impulsos del Espíritu Santo, sirven para fortalecer nuestra fe. A pesar de las recompensas que hay en pasar tiempo en la presencia de Dios, muchos cristianos lo evitan. Rechazamos el estar solos con Él, para ignorar el pecado que hay en nuestras vidas. Pero el Señor desea purificar nuestros corazones para conformarnos a la imagen de Su Hijo. Si rechazamos Su disciplina y el proceso de transformación, nuestra relación se debilitará. En cambio, el resistir todo lo que interfiera con nuestra relación con Dios nos asegura una relación más estrecha y personal, y las bendiciones del hecho de ser Sus hijos amados. El tiempo invertido en Su presencia siempre es recompensado.